Juan Torres Jimenez

Autor de esta pequeña obra, "Rimas de mi Amanecer II" nace en Villanueva Mesía, provincia de Granada, en al año 1933.

Asiste a la escuela hasta la edad de 11 años, momento en que, por las necesidades de la época, deja de ir al colegio para dedicarse a las labores del campo.

Posteriormente, realiza multitud de trabajos, según las circunstancias lo exigen.

Actualmente, como jubilado, siente la necesidad de ocupar el mucho tiempo libre que tiene ahora: Ha realizado diversos trabajos manuales y, desde hace seis años, escribe sobre varios temas, siendo lo que más le atrae y su verdadero hobby, la poesía. Esta es la única razón, y no otra, para que este libro "Rimas de mi Amanecer II" vea la luz.

El día 28 de Marzo, el poeta hizo entrega de sendos ejemplares de su obra al Alcalde y Director del Colegio de Villanueva Mesía, con el deseo que que formara parte de las respectivas bibliotecas municipal y escolar.

A las personas que me quieren y quiero. A todos aquellos que me estiman y estimo y, cómo no, a mi buen amigo Jesús que tanto me animó a escribir y que, altruisticamente, fue capaz de estar a mi entera disposición siempre que lo necesité para que este libro fuera una realidad.

Juan Torres Jiménez.

Este libro puede adquirirse en la Librería Real de Villanueva Mesía (958444290)
GLORIA Y MUERTE DEL GENIL
EL HORTELANO Y LA RAMA SECA
Por tus orilla vagando
en medio de la frescura,
fuimos los niños jugando
y haciendo mil travesuras.
Allí vi el verderón cantando
y oropéndolas volando,
adornadas con sus plumas
de azabache y limonado.

Fiel espejo de la luna;
Como una cinta de plata
corrias por la espesura,
con las mimbres por guirnaldas,
apretando la cintura
de niñas que se bañaban,
con melena suelta y larga,
como sirenas nocturnas.

Voy viviendo y recordando
tu nobleza y bravura,
envejeciendo y soñando,
añorando tu hermosura
que se fue difuminando.
Ya no reflejas la luna;
ya eres sólo sucio barro
y cinta de plata sucia.

Secó una pequeña rama
del corpulento nogal,
y el hortelano que clama,
maldiciendo su fealdad,
con lengua y hacha afiladas,
va a cortarlo sin piedad.

Tate necio, no hagas nada
que después lamentarás,
le dijo una dulce hada;
para evitar tanto mal,
corta la pequeña mala,
que sanas tiene un millar.

¿Ves las ovejas que pastan?
Hay un largo centenar;
pero no todas son blancas.
En medio, como un lunar,
una viste negra capa
sin manchar a las demás.

Por una rama que afea
y una oveja singular,
no toda la lana es negra
ni se ha secado el nogal.
Hortelano...
no deshonres con tu lengua,
que la honra es de cristal.

al porche de Luis